Me gustan los amigos que NO dan consejos.
No me gustan los amigos que dan consejos, basicamente porque, para que alguien pueda comprender lo que otro está viviendo tendría que ser prácticamente ese otro. La visión desde afuera evidentemente pondrá una perspectiva diferente a lo que alguien vive en realidad .
Además, porque condiciona un poco la amistad. De un lado, pararse en la posición de aconsejar a alguien es de alguna manera autorizarse a decir "Yo sé lo que tú deberias hacer" . Por el otro, cuando una persona reitera y reitera y reitera en su actitud, en su decisión, en su elección, el amigo tambien tenderá a reiterar y reiterar y reiterar en su consejo. Llega un punto en que la relacion vicia.
Esto conlleva a evitar mostrarle al otro la propia realidad y la vulnerabilidad de lo que se es, en esa repetición constante de aquello que suscita el consejo del "amigo". Es decir, si insisto en una conducta sobre la cual mi amigo me aconseja permanentemente que deje de hacer, entonces se vuelve profundamente incómodo tener que:
* Uno, soportar el consejo eterno frente a algo que no voy a hacer, que no puedo hacer o que no quiero hacer.
* Dos, esconder mi acción evitar ser nuevamente aconsejado.
Los constructos sociales parecieran como mangueritas que van pegadas de la cabeza de unos y otros. Nos vemos tan permeados de esto que, muchas veces terminamos pensando desde esos mandatos sin siquiera advertirlo.
La sociedad siempre ha sostenido que los amigos son aquellos que se dicen la verdad de frente, tipo ¿Y si no soy yo quien te lo va a decir?; que si un amigo no es el que te está señalando tus equivocaciones, entonces no es un verdadero amigo. Argumentando que,la amistad consiste en una recriminación mutua de aquello que moralmente no está aceptado.
Me distancio completamente de esa posición. Creo —y lo sostengo — que un amigo es en quien puedo confiar de forma serena y libre: aquel frente al cual puedo exponer mi vulnerabilidad tantas veces como sea necesario. Esto no significa que no se puedan tener conversaciones donde se hable de lo que se es y que quizá debería ser distinto, pero siempre y cuando nazca de mí la solicitud de decirle al otro ¿a ti qué te parece? ¿tú qué piensas y tú qué opinas?.
Aquella tareíta de la incomodidad que supone recibir una crítica, un juicio, un prejuicio o una calificación, elijo dejarselas a aquellos que no son mis amigos, a otros escenarios de la vida. Con los amigos quiero simplemente pasarla bien. Con los amigos quiero saber que me quieren, que me quieren querer, y que son un algodoncito, una nubecita, un lugar en el que puedo descansar.