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Desamor

Rupturas amorosas

La dignidad rescata de la confusión que deja el estruendoso ruido del adiós.

7 may 20265 min de lectura

Nadie es tan indigno como para merecer un dolor que no se pueda procesar. La culpa tapona el proceso de aceptar que quien se fue puso en marcha su deseo.

Solo cuando se comienza a transitar el duelo que supone un adiós, hay esperanza de terminarlo. No entrar en la lógica del duelo va a implicar contemplar el sufrimiento.

El duelo que no se hace es el duelo que no termina. Solo aquel que confía en que va a salir al otro lado, aunque sea a rastras, es capaz de dar inicio a lo que supondrá una distancia con lo perdido.

Quien se ha ido ha dejado clara su postura. Quién se queda tendrá que vérselas con el residuo imaginario que queda de lo no dicho.