Tú no le eres útil a las estrellas
Hay que serle útil a lo que poseemos; quiero decir, a lo que amamos.
El cuarto planeta que visitó el Principito estaba habitado por un hombre de negocios; un comprador de estrellas.
Luego de un intenso interrogatorio, el Principito logra que el negociante le explique en qué consiste su labor. El hombre de negocios asegura ser el dueño de las estrellas, argumentando que nadie, antes de él, se había propuesto serlo. El Principito halla lógica en sus palabras; sin embargo, no queda muy convencido.
Decidido a desafiar al negociante, el Principito le relata: "Yo poseo una flor y la riego, un planeta y lo limpio, unos volcanes y los desollino; es decir, yo le soy útil a lo que poseo". Pero tú, ¿para qué le eres útil a las estrellas?". El negociante no tuvo respuesta alguna.
Estamos habituados a creer que el amor es un intercambio de acciones y merecimiento; de allí que muchas personas se adecuan a "ser totalmente buenas" para poder ser amadas. Sin embargo, la cotidianidad con sus múltiples ejemplos, nos demuestra que la bondad no siempre alcanza para sostener los vínculos afectivos.
En mi concepto, el éxito de las relaciones está en el sano equilibrio entre dar y recibir. No al estilo de una matemática exacta que calcula lo que recibe para poder dar, sino en la consciencia de que ninguna relación se construye solo recibiendo beneficios que no tienen un eco recíproco.
Todo vínculo debe estar sostenido en el "bien hacer", aunque la diferencia innata que nos constituye como seres hablantes, mande al carajo de vez en vez esa buena intención. Preguntaría entonces el Principito ¿cuál es el beneficio que le das a quienes amas?.
La famosa "responsabilidad afectiva" para mí no es más que la consciencia de saber si mis acciones pueden corresponder de manera dignificante a las acciones de aquel que dice amarme. Algunas veces dignifica más decir adiós que las eternas promesas inverosímiles que, incluso, nos hacemos a nosotros mismos.
Y sí, aunque suena paradójico, considero que hay que serle útil a lo que poseemos; y no, no basta con decir "gracias" y "te amo mucho", sino procurando un real beneficio mutuo.