Mis culpas se ubican en el cuarto de al lado.
He escriturado mis memorias a tu nombre. Vale poco que quieras firmarlas. No hay más dueños.
Quiero que los sueños me lleven a ninguna parte. Quiero haber llegado ya a mi destino, sentarme y contemplar el camino: el recorrido y el que sigue despues de mí. Ver cómo, en la curva siguiente, descansa el afan de otro objetivo. Parar el tren del afán y que repose mi alma.
Solemos tener amores de la vida, que de VIDA no tienen nada: Palabras vacías, promesas para no cumplir, recuerdos teñidos de mentiras. Como una fotografía en el tiempo, que poco se destiñe, que no pesa, que no cansa. Solemos AMAR eso que la fantasía disfraza de perfecto.
Tuve muchos amores de mi vida, porque tuve muchas vidas. Morí a tiempo para verme nacer unas cuantas veces; fui el amor de la vida de unos cuantos y pude sentir que volaba. Hoy, en esta vida actual, soy el amor de la vida del amor de mi vida... y no quiero morir nunca más.
Amar implica abrazar lo que el otro es en toda su extensión, desde la aceptación de lo que yo soy; aceptando lo que el otro no puede ser ni será nunca, comprendiendo lo que yo tampoco soy y transitando la desilusión constante del desencuentro con la diferencia.
El amor es como una polea: ayuda a que haya algo que hacer con un peso que, por sí solo no podríamos llevar. El peso de lo cotidiano.
La vida es una cuerda floja: o bailas sobre ella, o padeces su desequilibrio constante.
El interés no es algo simulable; cuando no existe, la fuerza de la indiferencia se vuelve aún más evidente. La consistencia es una tarea cuya garantía se encuentra en lo genuino y esto último, por definición, es ajeno a la voluntad.
Las excusas y los argumentos no solucionan problemas; taponan las opciones.
Habría que aprender que lo eterno en el amor es el pequeño instante que habitamos. El secreto de la garantía de un "para siempre" está en poder aceptar lo efímeros que somos.
Me gustan los amigos que NO dan consejos.