Volver a poesía

Solo seguí caminando

Yo solo seguí caminando, sin ti, sin nosotros, sin mí… Por esos días era solo pasos que marchaban en lo cotidiano:
Un cuerpo cargando el alma o no sé si un alma cargando el cuerpo.
En fin… yo solo seguí caminando.

Como un alma en pena que ni oye, ni ve, ni entiende,
hundida en la tristeza, en la penumbra,
huyendo de sí misma, de promesas no pronunciadas,
de culpas sin arrepentimientos,
de cargos de conciencia sin reproches,
de miedos por no sentir miedo.

Yo solo seguí caminando, tratando de disimular la herida que no sangra,
el dolor no sentido, la responsabilidad no asumida,
la mentira vivida, la verdad maquillada.

Olvidé a quien caminaba conmigo,
a quien venía detrás, al mundo y sus alrededores.
Quise olvidarme de mí, de lo que soy y fui.

Solo estaban mis pasos, en una marcha al compás del silencio que grita el descaro;no podía parar, no había forma de hacerlo.
Haberlo hecho significaba aceptar la vergüenza que da la cobardía y, entonces, vérselas de frente con lo que muestra el espejo, el que refleja aquello que solo tú sabes.

Por esos días, solo seguí caminando, con la fe de que el recuerdo alejara los actos…
Como si el paso de los días borrara partes de la historia, como si este amor tuviera puntos y aparte, como si fuera posible seguir caminando.

Como quien entierra un cuerpo bajo la certeza de que no hay quien lo acuse,
obviando el olor que engendra la descomposición de las cosas.
Hoy solo sigo caminando, sin mirar atrás; miro hacia abajo en el afán de comprobar que, por lo menos, sigo en movimiento.
Laguna